domingo, 10 de febrero de 2013

The Right Sizing

Una de las gratas experiencias vividas con amigos de sudamerica recientemente...Juan Carlos, Agustín, César y Leoncio Cirilo. Una amistad que se forjó en los procesos técnicos, en los tertulias, en los hoteles, en los restaurantes, en los taxis, en las comidas, en el aire...

The Right Sizing

Dia 1
Fue un Domingo en que salió Lorenzo, fue una tarde de compañía familiar, un solo pedacito de dulce helado se compartieron. El llevaba en su betusta maleta, a su jumento rocinante informático. Un miedo disminuido por el tiempo y su silencio interior le delataba su tranquilidad, su paz, su amor a la vida, sus amores de silencio.
Llegó a la ciudad, nueva para él, pero dominada por su primer olor... percibido. Temprano encontró el aire frio, fresco, de sierra, la tierra de su maestro Gabriel y la jornada empezó temprano. Bajo el brazo llevaba sus primeras propuestas, sus sudores plasmados en indicadores, en ratios, en ingenios. Le soltaron un sonrisa y asintieroncomo sintoma de aprobación su trabajo. Felicidad interior para Lorenzo, aunque lejos de los suyos.
Con entusiasmo empezó su jornada y con sus pares intercambiaron ideas, propuestas él feliz, estaba donde siempre quiso estar, discutiendo, proponiendo, pensando para el cambio.
Tarde se acordaron que tenían que refrigerar, es costumbre habitual no medir el tiempo, cuando el entusiasmo aborda la jornada. Caminaron por la ciudad nueva, el movimiento calmado y los rostros nuevos le devolvieron a la realidad que estaba en otro habitad. El sonido coloquial de los diálogos lo desacomodaban a Lorenzo, un respeto al si señor, mande ud señor, como ud diga señor, un lenguaje familiar al de su amigo Cervantes.
Luego de llenar el pecado gular, salieron a conocer la ciudad. Parques hermosos muy bien cuidados. Silencio de paz en la ciudad le volvían a recordar a Lorenzo que no estaba en su habitat. De retorno al hotel Lorenzo cayó en cansancio y el sueño lo dominó. El mañana lo esperaba y él esperaba encontrar a su jornada...

Fin de la jornada en el país del "Si señor"
Después de un largo trajinar, el grupo de trabajo de Lorenzo pudieron hacer un alto en el camino, el cansancio se evidenciaba en los rostros. Las ojeras eran evidentes. Dias enteros envueltos en un intercambio de ideas y posiciones. Al fin el resultado se plasmaba en una presentación que resumía toda la jornada. Revisaron todos los procesos de manera exhaustiva para entender cómo la primera empresa a donde habían ido funcionaba. Se notaba una atmosfera de satisfacción, convencidos que las discusiones alturadas, las posiciones firmes dieron sus frutos. Lorenzo se sentía feliz aunque lejos de los suyos, sabía que estaba en una etapa de crecimiento, recordaba su infancia, él que venía de un pequeño pueblito, que salió desde muy adolescente, nunca pensó estar sentado a lado de colegas de muy alto nivel discutiendo y plasmando las directivas para los próximos cinco años en las empresas de toda la región. No podía creer que esa cuota de humildad que sus padres le inculcaron, esa cuota de disciplina de vida, lo había hecho llegar tan lejos. Extrañaba a sus escultores de vida que lo tallaron, una mezcla de tristeza y de alegría lo envolvió por un momento, trató de ocultarlo pero uno de sus colegas notó de su melancolía y le pidió que le confesara de su pesar y a Lorenzo le delató un gesto de tristeza. La confesión fue breve y lo entendieron. Solo es el inicio, tu espíritu es noble alguien le dijo y la jornada tenía que continuar.
Presentaron el informe a la plana mayor sobre el diagnóstico encontrado en la empresa. Quedaron muy satisfechos con la promesa en reorientar sus procesos. El ambiente se llenó de vitalidad, se reunieron todos lo involucrados y se expuso lo encontrado, terminada la alocución un agradecimiento total por el trabajo efectuado y salió a relucir ese espíritu de camaradería de los buenos latinos que aprecian el profesionalismo. El grupo entró en cuenta regresiva, pues ya tenía la agenda ocupada, había que continuar al otro destino, al otro país, la tierra de los incas y efectuar la misma labor. Despues de una intensa jornada y de haber cultivado nuevas amistades y sientes que son sinceras te quedas con la sensación de no querer partir, pues te brindaron un gran hospitalidad, al margen del trabajo profesional, esa amistad es la que se valora.
En un pequeño establecimiento probaron un bocado ligero con amigos quienes compartieron la jornada, las bromas y comentarios salieron a la luz con mayor displicencia, la peculiaridad del modo de hablar de los paisanos de García Marquez le marcaban a Lorenzo ese respeto, por el "si señor". Con los minutos contados se dirigieron al aeropuerto y en el camino había que ordenar la agenda para el próximo trabajo en la ciudad de los reyes, dejaron el país de Macondo e ingresaban al país del pisco sour, la tierra de Lorenzo.

....continuará


Y pasaron doce años

Lo escribí camino a mi casa en Máncora. Sólo me dejé llevar por esa felicidad de volverme a encontrar con todos mis hermanos después de doce años...

Y pasaron doce años

Camino a casa con la esperanza de encontrar un retacito de esa felicidad austera, sintiendo una paz interior que después de mucho tiempo no lo sentía, hoy muchas anécdotas de infancia me acompañan y la familia esta allí con la sonrisa en el ambiente que hoy espero encontrar.
Hoy brotarán las bromas y juegos de infancia, evocaremos a los precursores. Si estuvieran con nosotros les jugaríamos las mismas bromas, hoy serán nuestros invitados en pensamiento y sentiremos su respirar. Nos uniremos en abrazos familiares y haremos de la tertulia nuestro pasatiempo favorito como solíamos hacer.
El tiempo esperado llegó, aunque es minúsculo, es suficiente para renovar votos de amor familiar, recordaré ese árbol que me ayudasteis a sembrar ese libro que me enseñasteis a leer, esa herramienta que dejastes que usara, esa puntualidad y respeto que quedo en mi, eso y tantas vivencias más...le agradezco a Dios que nos este regalando este tiempo maravilloso, sentimientos encontrados pero al fin sentimientos buscados.
Un cholo, un negro, un Serrano y una zamba ojona se unen después de doce años en un cónclave de razas para ratificar ese sentimiento de hermandad, en ese espacio de idos tiempo pasaron muchas tristezas, pérdidas, alegrías agrias pero el amor de familia se mantuvo como el primer día en que nos fuimos alejando en busca de horizontes, hoy es un día para recordar a nuestros vástagos que el amor de familia es el centro de la vida, ese fue el legado de los viejos, han pasado algunos años desde que partieron y parece como si hubiese sido ayer, aún no se apagado su llama, al contrario sigue vigente su docencia, siento que fueron los mejores artesanos de vida, nos supieron tallar, le pusieron mucho amor a sus obras de arte, fueron nuestros Yepetos y nosotros sus muñecos de madera que Dios les dio vida y hoy brillan bajo el manto protector de sus ausencias...Gracias vida por este regalo que nos das y gracias Lubinda y Víctor siempre estarás en nuestras memorias, simplemente somos vuestras continuidades y si una lágrima se me derrama es por ese amor inmenso hacia Uds...simplemente somos esa continuidad y gracias.  

jueves, 25 de octubre de 2012

Los Domingos de aquellos


LOS DOMINGOS DE AQUELLOS

Los Domingos eran días de gran movimiento en el pueblo, desde muy temprano se despertaba el bullicio con el cantar de los panaderos, con sus canastas pregonando el pan caliente para el desayuno y los trabajadores de alta mar salían a una nueva jornada a capturar las deliciosas presas que iban a ser devoradas horas mas tardes en las diversas mesas democráticas de ese pequeño pueblo norteño. Dios siempre a sido generoso con ellos, desde que pisó hace miles de años por esas costas norteñas, el primer poblador. Allí encontró el calor y el alimento necesario para establecerse por la quebrada Fernandez, tenían agua dulce, un clima benigno y el alimento exquisito salido del mar.

Los domingos tenían sus agendas de rutina. Durante las primeras horas las familias se alistaban para asistir a la iglesia a escuchar la misa del padre Martín, de origen Irlandés, personaje de gran carácter, él aprovechaba su púlpito para descargar sus pareceres, pues quería mucho a este pueblo y las cosas que no le gustaban lo decía con todo la fuerza de su voz para que las autoridades de turno corrijan lo que había que corregir. El padre Martín había llegado con un grupo de damas pertenecientes a una congregación religiosa, todas ellas con un espíritu solidario. Crearon un consultorio y una maternidad, muy necesario en un pueblo necesitado por atención médica. Durante los días de semana, por las mañanas su consultorio tenía una gran demanda para atender a la mayoría de "churres" con alguna dolencia o malestar. Creo sin temor a equivocarme que todos pasamos por el consultorio por alguna dolencia.

Dentro de ellas, destacaba la madre Loreto, una madre de sonrisa angelical y de menudo ser. Gracias a ella, mucho de los jóvenes de la época fuimos instruidos en los conocimientos de la doctrina católica. La iglesia empezó a vestirse de juventud, pues la madre Loreto, empezó a formar grupos de estudio, grupos de canto y talleres de música. Los jóvenes con ciertas aficiones a la música se inclinaron por aprender a tocar guitarra, y se convirtió en el instrumento de predilección por ser el más noble de los instrumentos musicales. Hoy muchos de los músicos reconocidos que tocan en los grupos musicales de Máncora pasaron o fueron tocados por esta noble persona de espíritu solidario. Fue también nuestra profesora de religión en el nivel primario. Gracias a ella, aprendimos de las parábolas con que nuestro señor solía enseñar a sus seguidores. Diría tal vez, que ella siguió sembrando la semilla del catolicismo en nuestro pueblo.

La mañana, se vestía de ese aire alegre junto al sol radiante. Muchos bien vestidos y acicalados, acudíamos a escuchar la santa misa del padre Martín. La misa se llenaba de júbilo y alegría por el coro y el grupo de jóvenes guitarristas. La mayoría junto a su librito de canciones cantaban a voz en cuello las canciones de la misa. Terminada la misa, un mar gente abarrotaba el centro de la ciudad alistándose para acudir al coloso deportivo "La cancha de Pedrito". La tarde estaba ya agendada, los encuentros deportivos de futbol eran otro espectáculo digno de describirlo. Allí se representaban a los barrios de la ciudad y afloraban los aficiones e ímpetus de los barristas.

Cómo no acordarse, del UDM, "Unión Deportivo Máncora", Independiente, Juventud en Marcha, El Sport Marítimo, El Santos F.C., El Chorrillos, Estrella Roja, Langosteros, Estudiantes Unidos...De ellos aprendí mi amor al deporte, ese deporte colectivo que es el Fútbol. En esa cancha, donde pude apreciar la garra y los gritos de gol salidos desde las entrañas de esos hinchas incondicionales y también las bromas y gritos tan peculiares que eran una diversión aparte, expresiones como: "!saquen a esa huevada¡", "!Muchachos hechos de miau¡", "¡No te confíes marítimo, no te confíes!", "¡Ese es mi perro sin hiel!", "¡Chute un gol para la hembra!", "¡Péguele hombre!", "No... me la peles hombre", "¡¡Ahorita me mamo!!", "¡¡Puras chatarras...nomás!!", "¡¡Nooo...hombre!! y tantas otras expresiones que forman hoy parte de la historia tradicional de fútbol de nuestro Máncora.

Mucho de los jugadores de antaño hoy peinan canas, pero dejaron su cuota de sudor y sacrificio en aquel coloso deportivo, de ellos están, "Wilazo", "El Negro la Vicha", "El Tronco", "Chamba", "Cocaleca", "Alianza", "Vitoco Granda", "Vitoco Vite", "Chute", "Kotino, Perro sin Hiel", "Sato", "Belarmino", "Pelao Arcela", "Jacinto Cabrera", "Chicoco", "La Ñonga", "El Borrao Olivos" , "Papelito", "Los Garrapatas", etc.

Las tardes domingueras eran de alegría, terminábamos bañados de polvo, el coloso deportivo era una cacha reglamentaria pero carecía de gramado, eso no era impedimento para practicar y apreciar este hermoso deporte. El espectáculo deportivo se iniciaba al medio día, el sol era abrasador pero las ganas de ir tras la "gordita" y dejar bien en alto a su equipo, era el objetivo principal.

Muchas anécdotas se tejieron en este coloso deportivo, como la del arquero del Santos, "Chute", que iba perdiendo 10 a 0 y decía, "a todo esto...la volada es lo que vale", ó como la de Poncho Maceda que cortó su camiseta por la mitad y le puso botones cual camisa, dizque "para tener mas frescura", ó como de aquel personaje pintoresco del pueblo, conocido como Birriñaco, de oficio zapatero,que después de haber tomado anisado toda la mañana, llegó a la cancha y preguntó por el equipo al cual era hincha, el UDM como había quedado, en coro los hinchas le decían "¡¡Ganamos!!", y él con el poco aire que le quedaba en sus pulmones producto de la borrachera, mencionaba de alegria, "Ahorita me mamo!!! ó como el desmayo que sufrió "Periquito Pin Pin" uno de los jugadores que recién se iniciaba en estas lides. "Periquito Pin Pin" era uno de los jugadores que se destacaba por su prodigiosa zurda y driblin digno de un crack. En sus inicios, como todo joven entusiasta, fue inscrito en el equipo de "Estudiantes Unidos", en uno de esos encuentros entre "Estudiantes Unidos" y "Chorrillos" el encuentro estaba en plena efervescencia, se jugaban los últimos minutos del encuentro. "Estudiantes Unidos" necesitaba ganar este encuentro para definir su pase a la liguilla, estaba atacando todo el encuentro y tenían la confianza que podían remontar el score. En uno de esas contragolpes "El Chorrillos" despejó el balón y originó el córner a favor de "Estudiantes Unidos", el entrenador de "Estudiantes Unidos" abrigó toda sus esperanzas en la joven promesa de "Periquito Pin Pin", se pidió el cambio para que pueda refrescar al equipo e ir al ataque en el córner originado. Se ejecutó el córner y cual imagen en cámara lenta, se vio que "Periquito Pin Pin" se lanzaba por los aires para cabecear el balón, estaba en una ubicación muy privilegiada, y el arquero del "Chorrillos", "Papelito", sale a despejar con los puños el balón y se estrella con "Periquito Pin Pin", la hinchada gritaba a destiempo con gran entusiasmo el gol que estaba por venir, después de unos segundos, un silencio total en el coloso deportivo, el arquero cayó junto a "Periquito Pin Pin" y el balón chocó en el travesaño y salió de fuera. Los hinchas lamentaron esta gran oportunidad para remontar el score, pero lo que vino luego es que "Periquito Pin Pin" producto del golpe había sufrido una gran conmoción y terminó desmayado, la aglomeración fue grande alrededor de jugador caído, muchos gritaban, "¡Échenle agua!", "¡Déjenlo que tome aire!", "¡Saquen a esa huevada!", "¡muchachos hechos de miau!", lograron retirarlo de la cancha deportiva para darle los primeros auxilios al jugador malogrado y el encuentro deportivo continuó su ritmo de ataque y defensa. "Periquito Pin Pin" logró recuperar el conocimiento y dada su juventud, se animó a seguir sudando la camiseta de sus amores, volvió a ingresar nuevamente entre aplausos y vítores por su tenacidad y entrega. Con el aliento de la hinchada "Periquito Pin Pin" quiso poner todo de sí y corría como todo un "Perro sin hiel", no se cansaba, pasaron unos segundos después y el árbitro dio el pitazo final, el encuentro terminó en un empate y "Periquito Pin Pin", nunca logró tocar el balón.

Para el siguiente domingo, “Periquito Pin Pin”, se había entrenado toda la semana, saliendo a correr por la playa con sus amigos por las tardes después de las labores de rutina en su hogar. Hacía gala de habilidad con la zurda y los más jóvenes empezaban a mirarlo como una gran promesa deportiva, había dejado atrás ese traspié del desmayo y había tomado en serio su carrera deportiva. Su amigo Agustín al verlo con esos ímpetus, lo empezó acompañar en el entrenamiento, él estaba inscrito en uno de los equipos de futbol, pero hasta ese momento no había debutado, solo había enrolado la lista de suplentes, Agustín como todo joven soñador, era también un aficionado al canto. El equipo de Agustín entrenaba dos veces por semana en la playa, él era un infaltable en los entrenamientos, pero un día faltó al entrenamiento, se encontraba en otro ensayo, estaba preparándose para el concurso de canto que el colegio secundario estaba promoviendo. A la sesión siguiente acudió a su entrenamiento y como todo buen deportista y caballero, fue a disculparse con el entrenador por su ausencia en la sesión de entrenamiento anterior. El profesor “Cuchufo Rosales”  escuchó atentamente su descargo…”Este, que profesor…disculpe que no puede asistir al entrenamiento anterior, este que…estuve en unos ensayos para el concurso de canto del colegio, este que, profesor…Yo también tengo condiciones para cantante”,  El profesor solamente atinó asentir el descargo de esta joven promesa del canto y pensó para sus adentros, “es mejor que sigas con tu condición que tienes como cantante, porque como jugador aun te falta mucho”.

Llegado el sábado “Periquito Pin Pin” había entrenado muy bien, pero nadie le había informado que su equipo no jugaba el domingo, estaba a la espera de los resultados de los otros equipos para ver si pasaba a la liguilla. De todas maneras aun no perdía las esperanzas de integrar el titularato y poder demostrar sus habilidades en el coloso deportivo. Lamentablemente su equipo no pudo pasar a la liguilla y “Periquito Pin Pin” se quedó con las ganas que su juego y su prodigiosa zurda sean conocidos. Así fue como una joven promesa no pudo llegar a demostrar sus cualidades y se perdió en el horizonte del tiempo, hoy solo se recuerda de él aquel desmayo donde pudo haber definido su futuro como gran futbolista.
Así es como se disfrutaban los domingo de aquellos, llenos de alegrías, anécdotas. Domingos que llenaron los vacios de nuestros tiempos y marcaron nuestros horizontes.


martes, 23 de octubre de 2012

Lo que me enseñaste

Lo que me enseñaste

Desde siempre suelo encontrar en tu presencia esa paz, esa compañía en mis momentos de soledad. A veces entiendes mis silencios y desnudas mis soledades. Tus diálogos me animan a seguir caminando, me enseñaste a mirar la vida con optimismo, y a pesar de las dificultades, me ayudas a encontrar esa luz de búsqueda y de tranquilidad.

Cuando tomaste la decisión de partir, causaste un hondo pesar, con esos rios de tristeza te demostraban que tu ausencia iba a ser permanente. Preferí no demostrártelo en ese momento y me entendiste, y hoy, cada vez que te recuerdo la tristeza me invade y soy presa de la melancolía. Creo haber elegido bien, porque así cuando invoco en mis pensamientos tus recuerdos, siempre estás conmigo.

Me enseñaste a dar mis primeros pasos, a sonreir, a guiar mis primeros trazos e hilvanar mis primeras prosas, fuistes mi confidente y hoy mantienes esa postura y demostraste con tu sabiduría, que bastaba a que llegásemos a entender nuestro libre albedrío para que tu partida se hiciera efectiva. Ahora lo entiendo, pero me duele. Tu presencia es necesaria, aun cuando suelo ver tu rostro Gioncondesco que me regalas.

Espero te llenes de alegría cuando tus vástagos se reunan después de muchos años. Siento los hilos de nuestro trajinar guiado por tus manos. Nos acordaremos de esas anécdotas que vivimos contigo, de esa mano zurda prodigiosa que nos enseñó a caminar, de tus problemas compartidos, de tus arriesgadas aventuras para conocer nuevos mundos, la nueva familia, de tu humildad, de tus sueños...truncos. Hubiera querido que DIOS te regalase un segundo de vida más para que nos veas mas creciditos y la huella que dejaste.

Después de muchos años la casa se llenará de los tuyos, es el mejor homenaje que haremos para tí, nos sentaremos en la misma mesa cuando nos alimentabas y nos veías crecer, cuando nos enseñaste a sumar y a leer, volverá la sonrisa, nos acordaremos de tí...si de tí y de tu compañero, de nuestro progenitor, fueron tal para cual.

Contigo sembré un árbol en el pequeño corral de la casa y dió sombra y abrigo a la familia por muchos años, así entendí amar a la naturaleza.

Mi homenaje es y será por siempre, me diste luz, me diste vida y mi deuda es impagable. Con mi reconocimiento no puedo pagar ni siquiera el interés mínimo. Solo sé que me diste vida y dejaste en mi, mucho sentimiento, nostalgia y sabiduría...gracias Mamá.



Gracias Alberto...describes una hermosa historia tal como lo viví.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Cristina, Lorenzo...y el silencio

Cristina, Lorenzo...y el silencio

Me transmitieron esta historia en una tertulia nocturna hace muchos años, durante un verano a la luz de una vela. Esta era una pareja de jóvenes que crecieron juntos, vivían en la misma calle, la calle de los afligidos le llamaban. Eran esos tiempos donde los padres decidían con quien sus hijos iban a comprometerse de por vida, tal vez por la afinidad de las familias ó por las amistades profesadas por años.

Después de muchos años se encontraron por esas casualidades de la vida. Ese lugar casual, fue el aeropuerto de Barajas en España. Él se encontraba de tránsito rumbo a Lisboa, era el mes de Febrero, el frio era intenso y no estaba acostumbrado a ese clima, se sentía solo en un país desconocido. A ella la había dejado el avión, su destino final era Lyon, había establecido su domicilio en esa ciudad italiana. Hacía doce años que se había casado con un italiano, tenía dos hermosos niños, él se había establecido en Lima, trabajaba en una multinacional y viajaba por el mundo dictando conferencias. Era un investigador muy reconocido en el ámbito de la inteligencia artificial. Lejos de sus orígenes se encontraron, se sentían raros, con gran respeto se saludaron, la cordialidad estaba a flor de piel, pero ambos sentían, aunque intentaban no demostrarlo, una gran atracción, se les notaba en sus ojos, por ese amor que no pudo ser.  Ambos habían tomado rumbos diferentes y nunca se habían encontrado hasta ese día. En su momento fueron la pareja de envidia, vivieron un romance en las playas del norte de su país, todo lo hacían juntos, a pesar del impedimento del padre de Lorenzo.

Lorenzo, recordó esos momentos que vivió en su adolescencia en su pueblito al norte de su país. En sus crisis nostálgicas, él decidía salir de la gran ciudad y refugiarse en su pequeño pueblo, donde el mar era su gran imán. Siempre había sido cautivado por los paisajes naturales originados por esos crepúsculos marinos.

Siempre supo robarle momentos al ocio para encontrarse con la naturaleza de su pueblo. En ese ir y devenir conoció a aquella flacucha en su dimensión natural, Cristina era su nombre. Se habían conocido desde muy temprana edad, pero no como aquel viaje donde empezó a admirarla por sus encantos y su espontaneidad. El recuerdo inicial que Lorenzo tenía de ella, era con uniforme escolar yendo al único colegio de mujeres de la ciudad. Su madre, con el tiempo se convirtió en su entrañable amiga. Una persona digna de admiración, Lorenzo recuerda que siempre la había conocido en su negocio de jugos y sándwich en el plaza principal de la ciudad, fueron los primeros y deliciosos jugos que probó en su niñez, por eso cuando viajaba a su ciudad se deleitaba con sus deliciosos jugos preparado con sus prodigiosas manos, el jugo de naranja era su predilección.

Con el correr de los años, los padres de Lorenzo optaron por enviarlo estudiar a la capital, según el parecer de sus padres, las oportunidades en su pueblo no eran las idóneas para formar a un hijo profesional. El siempre volvía en sus vacaciones a su ciudad, a recorrer las hermosas playas vírgenes y correr con amigos por la playa ó a divertirse, recibiendo la hermosa brisa marina. Siempre recordaba a sus amigos de infancia, estaban en su memoria al igual que los atardeceres hermosos viendo la caída del sol, de esos hermosos paisaje que se formaba en sus playas, cuanta añoranza para él. Hoy era un simple recuerdo, lejos y con frio pero cerca a quien pudo ser su sin par.

Cuando culminó sus estudios profesionales, Lorenzo viajaba con mayor frecuencia a su ciudad, se había independizado económicamente y le estaban sucediendo cosas muy maravillosas en su vida profesional. Un día llegó a su ciudad, y como siempre visitaba a sus queridos amigos, Don José Rosales, Koko Shales, los amigos del colegio primario y secundario. Allí se enteró que contaba con una nueva vecina, la Sra. de los jugos se había mudado muy cerca a su casa y ahora era su vecina, entonces allí empezó a cambiar el destino de su vida.

Fue entonces, que en una de las tertulias nocturnas con su amigo don José Rosales apareció ella, después de muchísimos años la veía, había cambiado mucho, ya no era la chica flacucha como la había conocido, había crecido y cuanto había crecido, Se saludaron y empezaron a cultivar una bonita amistad. Ella vivía en la capital del departamento, allí es donde estudiaba. Durante esa estadía se convirtieron en muy buenos amigos, solían dialogar por interminables horas, su madre se deleitaba de ellos porque sabía que se había creado una muy bonita amistad. Ella siempre ávida que le cuente de sus experiencias en la universidad donde Lorenzo había estudiado, de lo que hacía en la gran ciudad, qué era lo que pensaba para su futuro. Cristina se quedaba admirada por sus proyectos de vida, Lorenzo siempre tenía tema de conversación y cuando podía, la reprendía por algunas actitudes que en lo particular le desagradaban, ella se lo agradecía después. Así cultivaron una muy bonita amistad, desde esos días no pararon en hacer que el arte de la conversación sea el vínculo de una muy buena amistad. Siempre se buscaban, ya sea estando muy lejos, ella en el pueblito norteño y él en la gran ciudad, siempre buscaban la manera de encontrarse por el hilo telefónico, siempre había tema de conversación y cuando se volvían a encontrar en su pueblito, salían  caminar por las playas, contándose sus sueños, sus ilusiones, sus quereres, riéndose de muchos cosas jocosas, de sus anécdotas, pero siempre la recriminaba cuando ella hacía gala de su mofa, de sus críticas ácidas, de sus burlas, es allí cuando el silencio de ella era sepulcral porque Lorenzo arremetía con toda su batería de reprimendas, y jalada de orejas, al final terminaban pidiéndose disculpas y prometiéndose no volver a cometer esos mismos errores.

Así pasaron los años, cada vez que Lorenzo viajaba a su ciudad, hacía acto de presencia en su casa para buscarla, a veces su mamá le indicaba que estaba estudiando en la capital del Departamento y que tal vez el fin de semana llegaba a visitarla. Llegado el fin de semana aparecía siempre con su sonrisa a flor de piel y se enfrascaban nuevamente en una tertulia interminable, con sus bromas. Eran momentos de gran regocijo para ambos, claro, a veces eran presa de las envidias ajenas por su relación sincera, en lo particular, trataban de mantener un espíritu autista y no ser contaminados por las envidias y esos odios viscerales nacidos de la nada.

Por esos tiempos Lorenzo había ya comprometido su relación con una persona que estimaba por su candidez, por su simpleza, pero que lamentablemente no tuvo el carácter para tomar sus propias decisiones y ocurrió que la relación se desvaneció o mejor dicho desbarataron ladrillo por ladrillo lo poco que se había edificado, argumentando que no era merecedor de esa relación, pues la formación teológica de Lorenzo era incompatible a sus intereses ó prédica. Lorenzo Lamentó mucho ese rompimiento ajeno a su voluntad y se sintió culpable por muchos años de esa decisión tomada, creyó que debía cambiar o repensar sus acciones y sobre todo mirar a Dios con otros ojos, con los ojos que ellos se lo estaban imponiendo. Así pasaron los meses, Lorenzo sumido en una profunda depresión y melancolía añorando recuperar lo arrebatado, extrañando a su Aldonza Lorenzo, pero fue en vano, comprendió después, que fue el mejor favor que le hicieron, pensó que el amor no se dicta por religiones o creencias teológicas, eso nace, se alimenta de dos y se mantiene vivo si es sincero. En todo esos avatares, siempre estuvo presente Cristina, su amiga incondicional aportando su cuota de amistad, haciendo que la pena de Lorenzo se disipe, soportando sus berrinches por no querer aceptar la realidad. Lorenzo se sentía como un enfermo convaleciente a lado de su enfermera que atiende a su paciente en cuidado intensivos. Ella se tomó muy a pecho el papel de consejera espiritual, de doctora corazón.

Lorenzo Seguía viajando a su ciudad, ahora con mayor frecuencia, pues su abuelo, una persona de entrañable personalidad a quien había respetado por sobre todas las cosas, se encontraba muy enfermo víctima de una enfermedad incurable. La presencia de sus seres queridos que lo visitaban de vez en cuando, hacía amenguar su dolor. Se había comprometido visitarlo siempre que pudiese, sentía un gran regocijo conversar con él y a la vez una gran pena, saber que pronto iba a dejarlos, se enfrascaba en una conversa con él, viajaba al pasado familiar con él y se sentía muy orgulloso de llevar su apellido. Siempre lo admiró, un buen amigo que supo aconsejarlo y encaminarlo para ser lo que siempre quiso ser, un estudioso un intelectual. "Tu disciplina, tu responsabilidad como persona te llevará a lugares insospechados, siempre recuérdalo, si decidisteis estudiar para ser lo que eres, es porque tu destino estaba trazado, solamente te supimos orientar", eso siempre se lo repetía, se guardaban mucho respeto y orgullo. Después de su partida, Lorenzo lo extrañaría por siempre y en sus tertulias familiares solía comentar los diálogos con su abuelo, el abuelo Manuel.

Amores truncos, dolores familiares, amistades sinceras y otras cosas más, es parte de este libreto de vida que se escribe con el paso del tiempo. Lorenzo, en su ciudad vivió todo eso. Cristina su amiga, ahora la veía con mayor frecuencia, a pesar de todo ella seguía allí, con su risa, sus cuidados de enfermera por su paciente de cuidados intensivos. Solían visitar las pocitas, que era el lugar favorito de ambos, la punta y bañarse en la playa, compartir un delicioso ceviche en el restaurant de su tía que recién había inaugurado en el puerto, hacían muchas cosas en común, tal vez eso fue el origen de envidias. A veces la felicidad ajena causa envidias, no sé si esto sea parte de la condición humana, así pensaba Lorenzo, y él no creía tener ese gen y no quería ser contagiado.

Así pasó el tiempo, y resultó que esa amistad saltara un peldaño, Cupido visitó los corazones de Lorenzo y Cristina. Siempre volvían a visitar aquellos lugares favoritos, aquellas playas eran el único testigo a quien le confiaban sus sentimientos. A veces Lorenzo sentía un sentimiento de culpa al ver que Cristina descuidaba sus labores en casa y él hacía lo mismo, se habían vuelto dependientes el uno del otro, procuraban siempre robarle tiempo al ocio e iban a la playa, a las fiestas sociales que se organizaban y caminaban por doquier por el simple hecho de estar juntos haciéndose bromas ó enamorándose. Se entristecían cuando Lorenzo tenía que dejar su ciudad y volver a la gran ciudad a continuar laborando. Las despedidas eran muy tristes, intentaban no ser presa de la tristeza pero era imposible, en el bus de regreso a la gran ciudad, las lágrimas de Lorenzo eran sus compañeras de viaje, se imaginaba que ella se acompañaba en las noches con sus lágrimas. El hilo telefónico era el único lazo vivencial para amenguar sus nostalgias. Cuando el ocio volvía a visitar a Lorenzo, programaba nuevamente su pronto retorno, así sus alegrías volvían a su cauce emocional y dejaban de darle pena a la tristeza.

Después de estos encuentros Cristina tomó la decisión de ir a la gran ciudad y continuar sus estudios. Detrás de su decisión tal vez estaba en no volver a ser presa de las nostalgias originadas por sus ausencias, que por cierto ambos eran conscientes que se envolvían los dos en una profunda depresión. Sus sentimientos eran intensos y consideraron que era lo mejor estar cerca. En la gran ciudad tuvieron que crear ó inventar nuevas agendas para los fines de semana. Por un buen tiempo fue muy gratificante, sus sonrisas eran complementos y pensaban que iba ser así siempre. El tiempo pasó y nunca entendieron que sucedió con esa chispa inicial, se fue apagando, nunca discutieron, nunca se faltaron, pero los envolvió esa llama delirante y degradante, no supieron dar cuenta del estado en declive y fueron convirtiendo esa llama inicial en un nadismo sentimental. Ella volvió a su pueblo y Lorenzo se quedó en la gran ciudad, de vez en cuando se comunicaban y se contaban sus quehaceres pero en el fondo siempre guardaron una tristeza que no la supieron aflorar en palabras, sus miradas hacían entender esa tristeza oculta que llevaban, los días pasaron, los meses pasaron y algunos años pasaron. Cada cual trazó su rumbo y perdieron el contacto por años. Sus vidas continuaron por líneas diferentes. Lorenzo retomó su vocación de siempre, la que había cultivado con su amigo de infancia, empezó a vivir y crear mundos originados por esos prodigios de las plumas y se volvió a enamorar para siempre de Dulcinea del Toboso, personaje aquel creado por Cervantes y así confirmó su gran amor a la prosa de sus amigos los escritores, siempre los consideró amigos porque le hicieron vivir y le hicieron crear mundos ideales, consideraba, que era parte de la consecución del género humano. Así Lorenzo empezó a escribir algunas líneas tratando de plasmar en ella sus vivencias, sus sueños y evocar momentos sublimes donde Dulcinea - Cristina siempre estuvo con él.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías de información, Lorenzo empezó a experimentar que las distancias y los tiempos se acortaban. No imaginó encontrar y recuperar amistades olvidadas. En uno de esos viajes rutinarios por la autopista de las comunicaciones, logró conectarse con Cristina. Lorenzo se quedó sorprendido, pues sabía poco de ella. Cada vez que viajaba a su pueblo, siempre iba a saludar a la mamá de Cristina, trataba de no tocar el tema de su querida hija, pensaba que haciéndolo estaba trasgrediendo o trastocando un herida del pasado. Por eso sabía poco o casi nada de su destino. Esta vez el destino virtual hizo que se encontraran en el ciberespacio. Retomaron el hilo de la conversación, ella vivía lejos del país, de nuestro pueblo y él se había establecido en la gran ciudad. Se contaron sus vidas. Muchas de las tertulias virtuales sirvieron para retomar la amistad como fue en un principio, pero llegado el día - eso siempre lo pensó Lorenzo - iban a tocar el tema de su alejamiento. Fue muy triste para ellos tocar ese tema, tocaron fibras sentimentales, la tristeza los invadió como las veces en que se separaban cuando tenía que Lorenzo volver a la gran ciudad, intentaron encontrar la respuesta al porqué de su separación, ella se sentía culpable tal vez por haber tomado la decisión venir a la gran ciudad. Lorenzo conjeturó tal vez que fue por la sobreexposición juntos y ser presa del aburrimiento involuntario. Pusieron muchas conjeturas pero eso no iba a llegar a nada, sus vidas ya estaban trazadas y por más que encontrasen la respuesta no les iba a devolver los sentimiento idos. Lorenzo se acordó de esa historia de amor que García Márquez lo describió en su libro "El amor en los tiempos del Cólera" y la compartieron juntos. Simplemente el destino así lo quiso y hoy su amor quedó en silencio respetando sus espacios y respetando a su entorno.

Hoy solo queda en sus memorias, esa hermosa historia que pudo ser pero que quedó guardada en su mar norteño bajo el sol caliente junto a una posa natural de agua transparente, salada y tibia, donde un día Cristina fue Dulcinea y Lorenzo su Quijote.

Así fue...



"Todo depende del lugar
Que yo me fui. Eso esta claro
Pero tu recuerdo no se va
Siento tus labios en las noches de verano
Ahí están, cuidándome en mi soledad
Pero a veces me quieren matar "